Mi Historia…

Nací en el cantón de Pérez Zeledón en la zona sur de mi país, Costa Rica. Soy el ombligo de mi familia, la quinta de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba.  Mis padres tuvieron 9 hijos:  1 varón (mi hermano mayor) y 8 hermosas mujeres.

Me crié en el campo y aprendí desde niña el valor del trabajo duro.  Mi papá era un jornalero de campo; cuidaba fincas, sembraba y “chambeaba”.   Era un campesino sin estudios, huérfano de madre desde los 8 años y de padre desde los 16.  Así que no sabía mucho de criar familias, pero nunca le arrugaba la cara al trabajo duro.

Mi madre una mujer fuerte y valiente. ¡Imagínense tuvo 9 hijos y los crió a todos!.  Ella sabía que sin estudios la vida era dura, sobre todo para la mujer, por eso desde niñas nos insistía en que teníamos que estudiar “para salir adelante”.   Era una mujer muy sabia, se proyectaba en el tiempo y podía visualizar a sus hijas siendo profesionales.  Una característica de ella es que veía con optimismo un futuro que para muchos era demasiado lejano e imposible.    Puedo definir a mi madre como una mujer líder y visionaria.  Ella siempre miraba por encima de todas las circunstancias y veía lo invisible como si ya existiera. Ella fue una gran influencia en mi vida, indiscutiblemente.

Asistí a escuelas y colegios públicos.  Me gradúe en un Colegio Técnico como Auxiliar Contable y ahí fue donde empezó mi vida en los números y las finanzas, desde la edad de 15 años.  Cuando cumplí 18, salí de mi pueblo para poder trabajar y estudiar.  Me vine a vivir a San José, la capital, en Barrio Cuba, donde todos los días me jugaba la vida para salir y entrar a la casa de mi prima Betty, donde llegaba a dormir.

Fui a la escuela de economía en la Universidad Nacional por cosas del destino. En realidad, no me sentía muy a gusto cursando la carrera de economía, pero en ese entonces tomábamos las oportunidades que habían, aunque no fuera exactamente lo que querías.   Aunque era buena estudiante,  la carrera empezó a ponerse difícil conforme avanzaba.  Los horarios de las materias no coincidían con mis tiempos para estudiar ya que aparte de estudiar , trabajaba tiempo completo.   Así que casi siempre llegaba tarde a clases, o simplemente no llegaba por el trabajo.  Conforme avanzaba en la carrera se me hacía más difícil matricular cursos y cada vez sentía más fuertemente el deseo de abandonar.   Al tercer año de carrera, abandoné y me fui a estudiar a la UACA, una universidad privada.  Como no tenía plata para pagar la universidad, comencé mi vida endeudada.  Tomé un préstamo estudiantil que me financió mi bachillerato y licenciatura.  Esto quiere decir que a mis 25 años ya era una experta con el tema de las deudas.

Ya con mi título de Licenciada en Administración de Negocios con énfasis en Banca y Finanzas, quise explorar nuevos mundos laborales y empezó mi peregrinación por varias empresas y organizaciones privadas. Trabajé por 25 años en el sector privado de mi país, casi siempre como Gerente Financiero- Administrativo y Contable.

Lamentablemente, nunca tuve mentores profesionales; así que aprendí “a puro golpe”. Esto me convirtió con el paso de los años en una autodidacta-maniaca (no sé si existe esa palabra).  En fin, aprendí a aprender, ya fuera investigando, preguntando, leyendo, viendo videos, etc.  Hoy doy gracias a Dios por esta habilidad, pues mi vida se ha formado más a partir de la educación informal que de la formal.

En el camino de la vida me casé con mi novio del colegio.  A la fecha tenemos 21 años de casados y  dos maravillosos hijos:   Sara de 12 años e Ian Josué de 10.   Tener una familia fue otro de los eventos que cambió mi vida completamente.  Las prioridades y los proyectos de vida que me apasionan hoy día, tienen mucha relación con el poder compartir tiempo con mis hijos, pasar más tiempo en casa, y disfrutar de mi familia.

En el año 2008, mi esposo y yo fuimos marcados fuertemente por la crisis.  Ambos perdimos el trabajo prácticamente al mismo tiempo.  Estuvimos desempleados simultáneamente; él por 6 meses y yo por 1 año y 4 meses.  Durante esa época aprendimos varias lecciones, pero la más importante de todas es a no depender de una sola fuente de ingresos:  ¡Error garrafal!.   Como habíamos comprado “el paquete” de que si ibas a la Universidad la vida te iba a sonreír,  el desempleo nos tomó por sorpresa y nos cambio nuestra mentalidad de empleados a una mentalidad de emprendedores.  Desde ese entonces, lo que para nosotros era solo un decir, se convirtió en una prioridad:  construir nuestras propias fuentes de ingresos y diversificar.  Así que llevamos unos 10 años en el proceso de construcción de nuestro nuevo proyecto de vida, y, aunque no ha sido fácil, cada día alcanzamos más objetivos y nos acercamos más a lo que deseamos.

A nivel muy personal, el hecho de ser madre ha cambiado mi vida radicalmente.  Mis prioridades y mis aspiraciones cambiaron al nacer mis hijos, y especialmente al darnos cuenta de que nuestro hijo menor era un niño especial, hace unos 7 años atrás.

Como ven, la vida te dá muchas sorpresas, como dice la canción.  Así que debemos prepararnos para afrontar de la mejor manera aquello que viene a nuestra vida que nunca pedimos, ni deseamos.  Y darnos cuenta, que no importa las circunstancias, al final lo importante es el cómo reaccionamos ante ellas.

Después de toda esta historia, quiero decirles que las lecciones de la vida solamente te sirven para crecer si de ellas sacas enseñanzas y ves oportunidades.  En mi camino como mujer, esposa, madre y emprendedora he aprendido que lo único seguro es que siempre vendrán cambios a mi vida, y que yo tomo la decisión de verlos como problemas o como oportunidades.

Por último, quiero decirles que soy una persona que ama la vida, soy tremendamente agradecida por todo lo que Dios me ha permitido ver, hacer y vivir y, estoy segura que tal cual Él lo ha prometido, su propósito se cumplirá en mi vida tarde o temprano.

Mi mensaje para tí es que veas la vida con optimismo y nunca te olvides que todo cuanto acontece tiene un propósito, y si lo ves con los ojos correctos,  puedes transformar el fracaso y el dolor en grandes enseñanzas para tu vida.

Como dijo Albert Einsten: “Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro”

Tu amiga,